- Artículo de opinión de José Luis Iniesta, presidente de CIEM
En Extremadura tampoco habrá tren de alta velocidad esta Semana Santa. No lo había el año pasado, ni en la campaña anterior o en la de hace diez años. Mientras en otros territorios discuten sobre frecuencias, horarios, tarifas, aquí seguimos hablando de algo mucho más básico, porque ni siquiera existe esa infraestructura.
Mientras algunos destinos se lamentan de que en esta campaña de Semana Santa no podrán recibir visitantes por alta velocidad, en Extremadura acumulamos 16 años esperando a lleguen los primeros.
Entendemos la preocupación del tejido empresarial malagueño, sin AVE por los daños del temporal en esta campaña crucial para el turismo. Hablan de pérdidas milmillonarias y no les falta razón. Porque en CIEM tenemos claro que la alta velocidad no es solo movilidad. Es, sobre todo, una cuestión económica.
El sector turístico extremeño lo integran más de 5.000 empresas y 28.000 empleos. Es uno de los sectores estratégicos de Extremadura y eso a pesar de que compite en desigualdad de condiciones. Cada campaña, cada puente, cada temporada alta es una oportunidad parcialmente perdida
Cuando el acceso es más difícil, la decisión del visitante también lo es. Y cada turista que no encuentra una forma efectiva de llegar a Extremadura es una reserva perdida y una piedra en el camino de un tejido empresarial que ve limitado su crecimiento no por falta de calidad, sino por falta de conectividad. Y eso, en un mercado tan competitivo como el turístico, tiene un coste acumulado.
¿A cuánto ascenderá la factura de pérdidas en el sector turístico por tras 16 años de oportunidades perdidas sin la alta velocidad? ¿Dónde estarían nuestras empresas con el impulso de unas comunicaciones efectivas?
La realidad es que nuestras empresas siguen invirtiendo, innovando y profesionalizando su oferta para competir con un entorno exigente, pero que les es hostil, como venimos señalando desde CIEM. Porque hay factores que no dependen de ellas y las infraestructuras son determinantes. Más aún su ausencia.
Por eso la pregunta no es cuánto tiempo más podemos seguir esperando. La pregunta es cuánto más puede perder Extremadura y hasta cuándo. Y, sobre todo, qué habría pasado (o qué podría pasar) si esta región contara con unas infraestructuras a la altura de su potencial.
En CIEM tenemos claro que el tejido empresarial extremeño solo necesita las mismas oportunidades que los demás, las mismas herramientas para competir. Y la alta velocidad no puede ser una aspiración. Porque es determinante y en Málaga también lo saben, cuando lo han perdido.